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Con asesinatos en aumento, algunos salvadoreños están cautelosos durante procesiones de Semana Santa

People in Izalco, El Salvador, celebrate Holy Week in this April 2, 2015, file photo. Police in some Salvadoran cities have begun patrolling in an effort to prevent violence during Holy Week. (CNS photo/Oscar Rivera, EPA)

People in Izalco, El Salvador, celebrate Holy Week in this April 2, 2015, file photo. Police in some Salvadoran cities have begun patrolling in an effort to prevent violence during Holy Week. (CNS photo/Oscar Rivera, EPA)

por Edgardo Ayala

SAN SALVADOR, El Salvador (CNS) — La policía de algunas ciudades salvadoreñas han comenzado a patrullar en un esfuerzo para prevenir violencia durante las procesiones de Semana Santa.

Algunos funcionarios eclesiásticos dicen que la iglesia ha quedado atrapada entre el fuego cruzado de la violencia pandillera en un país que tiene el índice de asesinatos más altos del mundo.

“A los pandilleros no les importa atacar a alguien que esté orando durante el Vía Crucis, a ellos simplemente no les importa dónde esté el objetivo”, dijo a Catholic News Service padre Ricardo Arcega, pastor de la parroquia Santiago Apóstol en San Pedro Perulapán, a 13 millas al noreste de San Salvador.

En abril del 2014, Marco Tulio Mejía, de 23 años de edad, recibió un disparo mientras participaba en una procesión del Vía Crucis organizada por la parroquia San José El Espino, no muy lejos de la iglesia de padre Arcega.

Mejía, alegadamente pandillero, sobrevivió pero perdió un ojo. Una mujer de 50 años de edad también resultó herida en el tiroteo.

“Siempre se me había dicho que esos pandilleros que comienzan a visitar la iglesia o a participar en otras actividades religiosas no serían asesinados, pero creo que eso ha pasado a la historia”, dijo padre Arcega, español que ha vivido en El Salvador durante 17 años.

La procesión fue suspendida después del incidente. El ataque fue alegadamente perpetrado por miembros de Barrio 18, una de las dos pandillas principales del país.

Padre Arcega añadió que durante las festividades de Semana Santa este año los jóvenes que les gusta participar en las procesiones en San Pedro Perulapán están conscientes de que hay vecindarios donde s mejor no ir como precaución.

Al preguntársele si en su trabajo pastoral él teme ir a ciertos lugares, él dijo: “Siempre tengo un poco de temor, pero nunca me han amenazado; siempre estoy rezando el Ave María”.

El Salvador enfrenta un problema agudo de asesinatos, en gran medida como resultado de la guerra por territorio entre las dos pandillas principales del país, Mara Salvatrucha, o MS13, y Barrio 18.

Para poder evitar los tiroteos entre pandillas rivales, la parroquia Nuestra Señora de la Asunción en Paleca, un bario impactado por el crimen en Ciudad Delgado, está planificando múltiples procesiones durante la Cuaresma. Esto es para que los pandilleros no tengan que cruzar vecindarios controlados por sus rivales.

“Tenemos que realizar las procesiones separadamente, aunque me gustaría tener solamente una … ese es el tipo de cosas que tenemos que hacer para mantener algún tipo de paz en ese lugar”, dijo padre Gregorio Landaverde, párroco, a Catholic News Service.

A principios de la década de 1990 salvadoreños jóvenes que vivían en Estados Unidos formaron pandillas y, una vez que fueron deportados a El Salvador, ellos trajeron a casa la cultura pandillera.

El país terminó el 2015 con 6,670 asesinatos, representando un índice de 104 homicidios por cada 100,000 habitantes, uno de los más altos en el mundo. La Oficina de Drogas y Crimen de la ONU informó un promedio mundial de homicidios intencionales de 6.2 por cada 100,000 habitantes para el 2012.

La conferencia episcopal salvadoreña emitió un comunicado el 4 de febrero para expresar su preocupación sobre la violencia generalizada en el país.

“Como pastores, aunque nos sentimos impotentes ante esta situación, no podemos callar, pues el valor sagrado de la vida humana está siendo cada vez más vulnerado”, dijeron los obispos.

Además de pelear entre sí, las pandillas están marcando oficiales policiacos; 62 fueron asesinados en el 2015.

Uno de ellos fue Héctor Wilfredo Alfaro, de 42 años de edad, oficial fuera de servicio asesinado mientras participaba en la Procesión del Silencio del Jueves Santo en San Juan Opico.

En el 2012 tiroteos fueron reportados también durante actividades de Semana Santa en Tonacatepeque y Ilopango. En el 2013 tres jóvenes vinculados con las pandillas en Nahuizalco murieron a tiros a unos cuantos pasos de donde se preparaban para comenzar el Sepulcro del Viernes Santo.

Otras celebraciones religiosas fueron impactadas por ataques pandilleros.

El 4 de febrero un joven fue asesinado durante la peregrinación anual que cientos de los residentes de Candelaria hacen a San Pedro Nonualco para celebrar su fiesta.

“No sé los detalles del crimen, no sé cuál grupo lo hizo, aunque es muy bien sabido que las pandillas están luchando por controlar el territorio”, dijo a Catholic News Service padre Pedro Aranzamendi, pastor de la parroquia Nuestra Señora de la Candelaria.

Padre Landaverde dijo que él está operando un proyecto en Paleca para darle a los jóvenes oportunidades de aprender un oficio y conseguir empleo.

“La major manera de prevenir que los jóvenes se metan en la violencia es dándoles una oportunidad de cambiar”, él dijo.

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