
Como obispos diocesanos de la Iglesia Católica Romana en Kansas, pedimos a nuestro clero y a nuestros fieles que se unan a nosotros en solidaridad con el Arzobispo Bernard Hebda y la iglesia local de la Arquidiócesis de Saint Paul y Minneapolis, mientras ellos dan testimonio de la paz de Cristo y de la dignidad de toda vida humana. Lamentamos junto con ellos la agitación, la división y la violencia que están inflamando a su comunidad. Les animamos a leer esta declaración del Arzobispo Hebda. Estamos profundamente entristecidos por la trágica pérdida de vidas y oramos fervientemente por la paz, la unidad y el respeto mutuo entre nuestros hermanos y hermanas, especialmente los inmigrantes, las fuerzas del orden y todos aquellos que están cargados de miedo, dolor o incertidumbre en todo nuestro país.
El pueblo estadounidense confía a nuestros líderes electos la responsabilidad de promulgar políticas y tomar acciones que promuevan la seguridad y el bienestar de todos. Al mismo tiempo, los inmigrantes que están en nuestro país huyendo de la violencia y la hostilidad, o que simplemente buscan forjar una vida mejor para sus familias, merecen un proceso justo, transparente y eficiente al buscar ingresar — un estándar que nuestro sistema migratorio actual, sobrecargado y con urgente necesidad de reforma, lamentablemente no logra cumplir. Tratar a los inmigrantes y refugiados con dignidad y respeto sirve a nuestro bien común y honra no solo su dignidad humana y sus derechos inalienables, sino también nuestra propia dignidad y derechos humanos. Pedimos a nuestros líderes políticos y funcionarios gubernamentales que busquen con sinceridad una reforma migratoria integral con prudencia justa y un respeto compasivo por la dignidad humana, para que la justicia y la misericordia caminen juntas para el bien de todos.
Como católicos, debemos abogar por soluciones arraigadas en la caridad y la compasión, en lugar de basadas en el miedo y la ira. Vemos a cada persona creada a imagen y semejanza de Dios, a quien Cristo ama y por quien sacrificó su propia vida en el Calvario. Estamos llamados a ser catalizadores de reconciliación en lugar de instrumentos de división.
Que la sabiduría del Espíritu Santo guíe los corazones y las acciones de todos los que enfrentan estos temas complejos, para que en Cristo, quien hace nuevas todas las cosas, la justicia y la paz puedan reinar en nuestra gran nación.

