Religiosa insta estudiantes universitarios a ayudar en frontera

A young migrant, who is part of a caravan of thousands traveling from Central America en route to the United States, looks on as people wait to receive food donations Nov. 1 at a makeshift camp in Matias Romero, Mexico. The U.N. children’s agency estimates that 2,300 children were traveling in the caravan. (CNS photo/Hannah McKay, Reuters)

por Carol Zimmermann

WASHINGTON (CNS) — La hermana Mary McCabe, de las hermanas de Notre Dame de Namur, no es una persona que presume de su trabajo, aunque ha pasado la mayor parte de los últimos 40 años ayudando a mujeres en comunidades rurales en el norte de Brasil. Y después de regresar a los Estados Unidos en el último año y medio, ha estado enseñando clases de inglés en Baltimore. También por dos semanas fue voluntaria en un centro de detención de familias migrantes en Dilley, Texas.

Esa experiencia — días de 12 horas de trabajo escuchando e interpretando historias de mujeres que huyeron de América Central — es de lo que ella habló con las estudiantes de la universidad para mujeres Trinity Washington el 26 de octubre. Ella dijo que las mujeres del centro donde trabajó hablaban de su experiencia de haber huido de la violencia perpetrada por pandillas y del miedo que tenían por sus hijos.

Sor Mary parecía que hubiese estado más cómoda simplemente sentada con las estudiantes o, mejor aún, trabajando con ellas.

Ella reconoció que algunas de ellas podrían saber de lo que estaba hablando de una manera personal, ya que algunas de ellas son estudiantes “soñadoras” o “Dreamers” que vinieron a Estados Unidos en la niñez cuando sus padres emigraron hasta aquí sin documentos y están por el momento protegidas por el programa Acción Diferida para los Llegados en la Infancia, o DACA.

Sor Mary dijo que durante una de sus visitas como voluntaria en Dilley se le unieron otras 11 hermanas de su orden y “la mayoría de ellas eran ancianas como yo. ¡Éramos las cabezas grises en el horizonte!”.

“¡Tenemos pasión y energía, pero estamos envejeciendo!”, ella le dijo a las estudiantes, suplicándoles que se unan a los esfuerzos de las hermanas con tan solo el pequeño paso de entregar comentarios públicos (para los cuales ella tenía formularios) al Departamento de Seguridad Nacional en contra de la detención indefinida de niños inmigrantes.

Otras medidas que ella aconsejó fueron: votar, absolutamente, y ser voluntarias en la frontera o seguir una carrera en derecho de inmigración.

Sor Mary tenía tiempo limitado con las estudiantes, así que en vez debe entrar en detalles sobre ciertas cosas simplemente les dijo “búsquenlo en Google” — como decir buscar información sobre la historia de la intervención de Estados Unidos en América Central para aprender más sobre las raíces de la violencia y las pandillas en esa región, o buscar información sobre grupos tales como Ángeles de la Frontera, que provee agua a migrantes que cruzan el desierto.

“Hay mucho material en la Internet acerca de lo que está pasando”, ella dijo.

Y ella se ha enterado de que hay mucha gente ayudando también. Cuando ella fue al centro de detención en Dilley, ella era parte de un proyecto de voluntarios coordinado por la Red Católica de Inmigración Legal y otros grupos de defensa de inmigrantes.

Ella dijo que la primera vez que ella fue, el año pasado, había solo unos cuantos voluntarios, pero más recientemente había cientos de voluntarios y el programa está lleno hasta fines del próximo abril.
Para ella esa respuesta significa que la bondad y esperanza todavía viven “en nosotros”.

“Hay cosas buenas sucediéndole a personas buenas”, ella dijo y añadió: “Tenemos que creer en eso, de otra manera…” Ella no dijo el resto de la oración, sino que solo respiró profundamente y levantó sus brazos en frustración.

Durante su presentación, ella pidió que las estudiantes leyeran los relatos personales transcritos durante su tiempo en el centro de detención con detalles de mujeres que habían sufrido frío, o que picadas por insectos, o que fueron separadas de sus hijos por medio de alambre cuando anhelaban estar con sus familias y estar seguras.

Sor Mary dijo que las mujeres podrían contar sus historias mejor que ella.

Sus palabras de despedida a las estudiantes fueron: “Regresemos al Evangelio, encaminemos de nuevo el mensaje de Jesús. Gran parte de este se perdió”.

Y justo después de que ella terminara de hablar, la urgencia de la crisis fronteriza se hizo más palpable cuando una alerta de noticias informó de que Estados Unidos estaba enviando soldados a la frontera entre México y Estados Unidos para apoyar a la Patrulla Fronteriza en anticipación a la llegada de una caravana de migrantes.

La hermana Mary Johnson, también de Notre Dame de Namur y profesora de Sociología y Estudios Religiosos en Trinity, le leyó al grupo la noticia usando su teléfono y enfatizó que más que nunca “tenemos que seguir aprendiendo, leyendo y estar listas para hacer algo” para ayudar a los que vienen hasta nuestra frontera.

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